Según licenciado en accidentología vial, los siniestros no se producen por un único factor como el estado de las rutas
Según licenciado en accidentología vial, el estado de las rutas no es el determinante de los constantes siniestros
AUDIO. Entrevista a Gonzalo Leiva, licenciado en Accidentología Vial.
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La mayoría de los siniestros graves se relaciona con conductas humanas y con el incumplimiento de normas. Entre los factores de riesgo más determinantes se encuentran el exceso de velocidad, el consumo de alcohol u otras sustancias, el uso del teléfono celular, las distracciones, los adelantamientos indebidos y la falta de atención. También influyen las malas condiciones del vehículo.
Los controles sobre velocidad, alcohol y demás infracciones siguen siendo necesarios, pero no bastan por sí solos para disminuir sustantivamente la siniestralidad vial.
Es importante distinguir entre los factores que provocan el siniestro y aquellos que agravan sus consecuencias. La velocidad excesiva, el alcohol, el celular, las distracciones y las maniobras prohibidas pueden desencadenar el hecho. En cambio, no utilizar cinturón de seguridad o casco no suele causar la colisión, pero aumenta considerablemente la gravedad de las lesiones y la posibilidad de muerte.
Responsabilidad individual
Gonzalo Leiva, licenciado en Accidentología Vial, durante una entrevista con el programa Buen Día, que conducen Carlos Matteoda, Alejandro Abero y Marta Segovia por Radio Costa Paraná (88.1) señaló que existe una “contradicción cultural” porque “la mayoría de las personas sabe que conducir alcoholizada, exceder la velocidad o usar el teléfono está mal, pero aun así lo hace. Nadie sale a la calle con la intención de provocar un accidente, herir o matar; sin embargo, muchas decisiones cotidianas aumentan deliberadamente esa posibilidad. La falta de percepción del riesgo lleva a actuar como si los siniestros sólo les ocurrieran a otros”.
La prevención, remarcó, debe comenzar por reconocer que cada desplazamiento implica decisiones personales. “Es necesario preguntarse por qué se excede la velocidad, se mira el celular, se omite el cinturón o el casco, se cruza por lugares indebidos o no se espera el semáforo. Medidas sencillas —circular más despacio, usar los elementos de seguridad, dejar el teléfono fuera de alcance, encender las luces, conducir atento y salir con tiempo— reducen el riesgo”, enfatizó.
La circulación es una actividad intrínsecamente riesgosa para conductores, peatones y pasajeros. La ley de tránsito establece comportamientos destinados a disminuir ese riesgo, pero no puede eliminarlo por completo; por eso obliga a utilizar cinturón y casco, entre otras medidas de protección.
Velocidad y límites legales
Los límites de velocidad se fijan considerando las condiciones ambientales, la configuración de la infraestructura vial y la capacidad general de frenado de los vehículos. “El problema actual no reside principalmente en que los automóviles sean capaces de alcanzar velocidades superiores a las toleradas por las rutas, sino en que los conductores se distraen o no respetan los límites mientras circulan a alta velocidad”, observó el especialista.
Reducir aún más las velocidades máximas podría no producir resultados si la causa central es el incumplimiento. La respuesta debe concentrarse en modificar las conductas y la cultura vial, además de mantener límites adecuados y controles efectivos.
Políticas públicas y educación
La prevención requiere acciones coordinadas en varios frentes. “La educación vial debe incorporarse de manera permanente a la educación formal, desde la niñez hasta la adultez. También debe fortalecerse la formación exigida para obtener la licencia de conducir y actualizar la capacitación de quienes ya conducen, especialmente porque muchos arrastran hábitos inseguros”, agregó Leiva.
Las campañas intensivas y explícitas, incluso aquellas que muestran las consecuencias reales de los siniestros, pueden ser eficaces para generar conciencia. “Las sanciones tampoco deberían limitarse al pago de una multa: podrían incluir cursos obligatorios, capacitaciones, charlas o trabajos comunitarios vinculados con la seguridad vial”, propuso.
Advirtió, asimismo, que en los últimos años se han debilitado o eliminado instancias de formación en escuelas, otros ámbitos y procesos de obtención de licencias, mientras que la virtualización de contenidos no siempre garantiza una preparación adecuada. Es necesario recuperar esas bases y evaluar medidas que produzcan cambios reales.