24 diciembre 2021

Cuatro sobres en el árbol de Navidad













En el transcurso de la semana había pasado alguna que otra vez por el lugar. Me llamó la atención la presencia de un policía, apostado al frente de la precaria vivienda, estacionado él y un vehículo en la angosta calle.

Este viernes 24, me dispuse a llevar las fotos impresas que les prometí entregar a los hermanitos retratados en el patio a cielo abierto que ellos acondicionaron con adornos navideños: un árbol armado con palos; un muñeco desvencijado de Papá Noel; una estrella de cartón.

Llegando a la casa de los protagonistas de la foto, me alegré al ver un auto estacionado al borde de la cuneta que separa la vía pública de la propiedad privada de los desamparados. Pensé que el dueño del automóvil sería alguien que había tenido un gesto solidario acercando ropa, calzado, juguetes (un iglesia los asiste).

Bajé del auto pisando pastizales, y maldiciendo la torcedura del pie.

Miré quién estaba sentado con un pie afuera del auto, y entonces intuí que el panorama no era el ideal. Nos saludamos con el policía y le dije que traía unas fotos para entregar a los chicos de la casa, al mismo tiempo que pregunté a qué obedecía su presencia en el lugar. Amablemente me respondió que estaba de custodia por una perimetral a consecuencia de una denuncia por violencia.

El uniformado se ofreció a buscar a la madre de los chicos para que le entregara las fotos; le dije que no, que se las entregara él. Fue en ese instante cuando me despedía que desde la casa se escuchó a un chico presuroso, "espere señor, espere...". Era uno de los hermanitos, el de rulitos, el más alto, quien, descalzo, corrió a nuestro encuentro. No retuve qué me dijo; sólo ví en su rostro una sonrisa al mostrarle las fotos mientras le decía que todas eran iguales, solo que cada sobre tenía una foto para sus tres hermanos.

Mientras intercambiábamos unas breves palabras, se acercó la madre, quien agradeció las fotos a la vez que expresaba que los chicos se pondrían muy contentos. 

A modo de saludo de despedida, tal como lo hiciera su hija en oportunidad de sacarles la foto, me dijo, "que Dios lo bendiga".

Apenas empecé a circular con mi automóvil, observé a la mujer dirigirse hasta el rudimentario árbol de Navidad. Me dí vuelta llegando a la esquina, y ví como la mamá de los chicos colgaba en las riendas de alambre del arbolito los cuatro sobres de color naranja.

Los sobres con fotos serían parte de los regalos puestos en el árbol de Navidad.

La vida siguió su curso. Me quedé pensando por varias horas sobre con que poco se conforman algunos -recuerdos de la película 'La vida es bella'-; sobre lo que no se valora lo que se tiene; sobre las quejas banales por nimiedades: que los mosquitos molestan, y a ellos no?; que el pequeño cuando me vió, salió disparado pisando piedras y espinas, y no se quejó; que escribo con aire acondicionado y ellos no tienen energía eléctrica... -para qué le serviría una tablet que pensé en regalarles-. 

Como en 'La vida es bella' se recurre a la imaginación. Los chicos de la casa de madera, cuyo diseño rememora las que construíamos con naipes, no tienen recursos para comprar estrella, puntero, campanas, cintas; entonces, como si fuera un juego, armaron el arbolito con piñas de pino, botellas, bolsitas, plásticos recortados.   

Tal vez, inconscientemente, con su juego estén apostando a la esperanza, y por ende, al final de sus vidas ganarán el juego.


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