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Robaron ovejas en una zona «liberada»
19/02/09 Los paisanos dicen, «fueron los mismos de la otra vez; los que andan en un auto nuevo...».

Indagando -como debería hacerlo la policía y los empleados judiciales-, los peones de estancia, revelan detalles de las maniobras delictivas de los que se trasladan hasta los campos de la zona para 'caponear' -distrito Diego López, El Gramiyar, La Encierra-.

Algunos de los 'caponeros' son identificados funcionarios de organismos de gobierno. Delinquen -son autores de abigeato- con impunidad.

Cometieron el delito tantas veces que están viciados. Ningún juez ordena a los policías ser rígidos en el cumplimiento de la ley.

El sábado 14, otra vez anduvieron a las andanzas.

Cuentan los menchos que la tierra se levantaba al paso veloz de autos con vidrios negros.

Curados de espanto, algunos pequeños productores se ocuparon de contar sus ovejitas.

Uno de los campesinos notó que le faltaban entre seis y ocho.

El anciano pastor del diminuto rebaño, apuró el tranco exigiendo sus articulaciones. Llegó hasta lo de un vecino al que le pidió avisara a la policía.

De una comisaría de la jurisdicción, no apareció ni el caballo cansado del oficial a cargo. El pingo siempre dispuesto esperó en vano lo montara el jinete uniformado.

El aviso telefónico a los otros encargados del orden en la jurisdicción se extendió a los puestos cercanos.

Comentan los vecinos rurales que en ningún momento vieron una patrulla.

Consultados después los policías por la ausencia ante el llamado, dijeron que anduvieron, pero que no sabían dónde quedaba el campo del que habían desaparecido las ovejas.

Al igual que los campesinos de Chañar que actuaron por sus propios medios para detener a los bandidos, los menchos de campos ubicados en la geografía de Sauce de Luna y Conscripto Bernardi, empezaron a rastrear las huellas del delito.

La tarea investigativa no les demandó un tiempo más que el que se tarda en cerrar las tranqueras.

Entre una mezcla de estupor e indignación, asistieron perplejos a la prueba del delito, el que intuían se había cometido luego del tránsito acelerado de los coches desconocidos.

Las voces con tono embroncado se multiplicaron entre los que labran la tierra y crían ganado.

Transmitieron el malestar a los policías que consideran honestos y decididos a acompañarlos en abortar el desenvolvimiento de los delincuentes que se escudan en el apañamiento de los amigos del poder.

Los policías que sostienen los ideales de hacer cumplir la ley -hay quienes por actuar como en el caso del funcionario carneador de la Municipalidad de Paraná, no ascienden desde hace 8 años-, dieron su palabra de no deponer en la actitud de ser fieles custodios de los bienes de los campesinos. Preparan una emboscada.

Ante la irrefutable evidencia de reincidencia de los bandidos rurales, a la cúpula de policías y jueces no les quedará alternativa que proceder en cumplimiento del deber.

 
 
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