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MARIO BOFILL CACHENCHO DE BRONCE 2010
El chamamé y sus desafíos

 

9/2/2010 Julián Páez -El Diario de Paraná-) / FOTO DANIEL CRISTINA.

Fue una sorpresa emocionante para Mario Bofill recibir la estatuilla Cachencho de Bronce, que premia la trayectoria y la labor de los distintos referentes de la música del litoral en el Festival del Chamamé de Federal.

Con vestimenta sencilla de pantalón y campera negra, subió al escenario para dejar un mini-repertorio de temas clásicos como Yo nací en Loreto, Conjunto Pena y Olvido, Requencho, y Carta a un hermano.

Como costumbre de la comisión organizadora, el Bronce es una sorpresa que en muy pocos casos se anuncia al homenajeado con anticipación. De hecho, cuando Bofill terminó con su actuación y se disponía a bajar, los conductores Mario Alarcón Muñiz y Santiago Miguel Rinaldi se apresuraron a detenerlo para entregarle la estatuilla.

“Qué lástima que no voto acá”, bromeó el artista luego de que el intendente de Federal Juan Carlos Lucchesi subiera al escenario para entregarle el premio. No obstante, se limitó a decir que guardaría ese homenaje “entre las cosas más queridas del corazón”.

EMOCIÓN. Pero lo más emotivo de la presencia de Bofill no fue ese momento, sino que se dio durante la interpretación de su conmovedor repertorio, cuyos temas fueron alternados por comentarios sobre personajes, historias familiares comunes, vivencias e idiosincrasia popular, muchas veces con un toque de humor.

Tal y como se demostró anteayer en el escenario, una de las cosas más sorprendentes de Mario Bofill es la aceptación y el aprecio de un público federalense capaz de reír y emocionarse al mismo tiempo con el nuevo Cachencho de Bronce. Ni bien subió al escenario, la platea ya comenzaba a nombrar en voz alta los temas recordados de su repertorio.

El chamamé y sus desafíos

Poco antes de subir al escenario Ernesto Montiel, Bofill conversó con EL DIARIO sobre algunas cuestiones vinculadas a la difusión y a la función de la música del litoral durante los días que corren.
—Teniendo en cuenta lo que usted dijo sobre la dificultad de escribir chamamé sobre asfalto, ¿qué desafíos enfrenta nuestra música para los tiempos que corren?
—A la gente que viene del interior se le dibujan cosas que tienen que ver con la realidad y sus vivencias. Ese chamamé chiquitito, sencillo que escucha la gente de campo se vuelve un problema al pisar el asfalto, porque su fuerte es la música. Además, la letra era sencilla porque ese poeta no tuvo maestro que le enseñara. No entiende. Entonces, el joven que está estudiando tiene una responsabilidad porque tiene muchas más posibilidades, muchos más elementos literarios para construir una poesía más elaborada. Acá no teníamos letristas, alguien que en cinco o seis estrofas cuente una historia. Ese era el problema.
—Había una división, entonces...
—Por una lado estaba la música, y por el otro la letra y estaban muy separados. Ahora se están juntando a través de grupos como Amandayé, Los de Imaguaré, el cura Zini, Rudi y Niní Flores. Entonces los jóvenes tienen una chapa-patente importante, con muchas responsabilidades que atender, y que leer.
—¿Hay alguna zona en especial donde se destaque ese fenómeno?
—Pasa en todas las ciudades. Circula en las universidades. En todos lados está la idea de que tenemos que estar atentos a lo que pasa con la juventud.
—Usted ya tiene más de 400 historias escritas, la mayoría rescatan historias populares...
—Tengo una carpeta de trabajo con 150 temas más. Pero sin embargo, tengo la sensación de que no hice nada. Siempre me propuse tratar de bucear un poco más adentro en esas raíces profundas que tenemos. Algunos artistas optan por hacer otra cosa, otros le cantan al amor, y en el caso mío, rastreamos costumbres y nos convertimos en contadores de cosas. Cada uno hace lo que puede. Y creo que todo es válido.


 
 
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