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Nostalgia Guaraní, Yamila Cafrune, y Raúl Barboza, engalanaron la función del epílogo del Festival del Chamamé
09/02/09 La última luna festivalera — con Nostalgia Guaraní, Yamila Cafrune, Raúl Barboza y Enzo Galván, revelación 2009 — fue sólo una parte de lo que se vivió en el predio 'Francisco Ramírez,' en el camping, la bailanta, y en las casas de los vecinos, donde la música y el asado compartidos mostraron al chamamé como una forma de ser y una expresión popular.


|Julián Páez (El Diario de Paraná) DESDE FEDERAL - FOTOS DANIEL CRISTINA

 

 

 

 

 

 

 

Durante el mediodía del domingo el sol parece pertenecer con todo su brillo exclusivamente a la fiesta del pueblo.
En las radios de los vecinos el chamamé, ya convertido en toda una expresión de la vida cotidiana, recorre los oídos de quienes rememoran sus tiempos de zapateo y cadenciosos movimientos, o de aquellos que se imaginan esos ancestrales encuentros cargados de vida natural.

Al paso por un viejo bolichón, una versión de Gente de Ley, de Ernesto Montiel, suena con fuerza identitaria y un sapukay sale con olor a vino, bien de adentro de la garganta.
Los afiches en los negocios exhiben a los integrantes de la cartelera de una u otra noche. Los letreros informativos y la gran cantidad de puestos turísticos tienen todo para contar acerca del Festival del Norte Entrerriano, que ningún chamamecero puede ignorar.
Federal vivió el domingo su último día en todo el pueblo, ante una gran multitud concentrada en el anfiteatro y el predio del camping municipal, donde una verdadera fiesta popular se hizo dueña de la tarde.

LA BAILANTA. "De qué remoto pasado/ de qué sepultado imperio/ de qué pueblos incendiados/ le viene este sortilegio/ De dónde esa fuerza lenta/ que se va agarrando al suelo/, de dónde la gallardía/ que tiene bailando el mencho", dijo el Cachencho de Bronce, Julián Zini, en uno de sus poemas. Y no hay otra forma de describir lo que se vive en la pista de Hormiga Negra, que todos los años resulta chica para albergar a tanta gente de todo el país. Desde el escenario Abelardo Dimotta, la música provoca inexplicables movimientos que, al compás de cada acordeón, se adueña del espíritu de elegantes parejas.
Al mejor estilo de lo que ilustra Abitbol o Mario Millán Medina, la bailanta nació pocos años después de iniciarse las primeras ediciones. Hoy, con más de treinta años, se ha transformado en un símbolo de integración, fraternidad y entusiasmo quienes viven y sienten la música del litoral.

ULTIMA. Todo el sentir chamamecero de la región fue representado ante unas 7 mil personas en el escenario mayor del festival por el Ballet Municipal Reflejos del Montiel, cuyas parejas brindaron en esta edición un homenaje al bailarín, a través los modos de danzar en las distintas escuelas del género.
La presentación se inició con el modo kangüí, que tiene como principal referente el estilo de Tránsito Cocomarola, cadencioso y dulcemente lento; luego, el chamamé sirirí, acompasado y enérgico es representado por los bailarines con notables elegancia y respeto.
En lo que respecta a la provincia de Corrientes, el ballet también mostró la escuela tarragosera, alegre y fluida, un estilo que el rey del chamamé llevara hacia todas partes.
Finalmente, el recorrido por los puntos geográficos pasó por el centro norte de Entre Ríos para evocar a la escuela del maestro Abelardo Dimotta, agreste, con todos los embrujos del paisaje montielero.
Pero uno de los símbolos más destacados de la noche festivalera se vivió al finalizar la presentación , cuando las parejas descendieron del escenario ante el aplauso y la sorpresa del público; se separaron y cada uno de los integrantes sacó a quienes ocupaban el sector de plateas, entre ellos, al subsecretario de Cultura de la Provincia, Roberto Romani.

FIGURAS. La noche del domingo continuó con los compases tarragoseros de Juancito Güenaga y su conjunto, quien pisó el escenario federalense por vigésimo séptima vez. El grupo, que ejecutó uno de los dos contrabajos que se vieron a durante todo el festival (el otro lo llevó Chamamé Trío, de ciudad Paraná), mostró una de las expresiones más fieles de la vieja guardia. "Ser chamamecero es una responsabilidad y un compromiso con la gente", comentó a EL DIARIO el músico antes de iniciar la actuación. Por su acordeón pasaron los temas clásicos maceta como El Engarronao, que despertaron los sapukays más espontáneos. Como lo dijo un viejo pueblero federlense: "el sapukay no hay que pedirlo hay que sentirlo, haga usted algo que me despierte las ganas de gritar".
Luego de Javier Colli Trío, cuyas interpretaciones merecieron el respetuoso silencio de la platea, ingresaron al escenario los integrantes de Nostalgia Guaraní, ceñidos por un aplauso que le ganó de mano a la presentación realizada por Mario Alarcón Muñiz que dijo: "tenemos el privilegio de tener aquí a este grupo".
La voz de Mario Suárez, se unió una vez más al bandoneón de Pajarito Silvestre y al impecable juego de guitarras para interpretar Bañado Norte, el Saino, Trasnochados Espineles, Ah mi Corrientes Porá y, como cierre Merceditas. El trato con el público, junto con el talento musical hizo al grupo merecedor de una de las pocas ovaciones del festival, junto con las de Yamila Cafrune, Raúl Barboza y la revelación Pre-Federal 2009, Enzo Galván.
Por su parte, el nuevo valor de 11 años dio un emotivo recital ante el asombro de quienes lo supieron aceptar muy bien desde el comienzo de su actuación durante el desarrollo del certamen del viernes. Cabe destacar que, además de ser contratado para la edición 2010 de la fiesta mayor, Galván participará de la función de gala que en vísperas del 25 de mayo se realizará en el Teatro 3 de Febrero organizado por la Subsecretaría de Cultura de la Provincia, según destacó el Roberto Romani en diálogo con EL DIARIO.
Bajo la obra de los artistas que entregaron a Federal lo mejor del repertorio y los sonidos del paisaje, la despedida hasta el año siguiente obliga a recordar al pueblo federalense, quien es protagonista desde hace 34 años y muestra al país un modo de vida y unión franternal, una expresión cultural de un tiempo imaguaré (de antes), que se renueva con el aporte de quienes buscan sentir el chamamé.


Raúl Barboza y Yamila Cafrune

Dos presencias destacadas que subieron en forma continuada iluminaron la mitad de la noche festivalera del domingo.
La soltura, el despliegue y la simpatía de Yamila Cafrune sobre el escenario le pusieron un color diferente al festival. En esta presentación, propuso un recorrido por los matices musicales del país, primero a través del repertorio de su padre, el recordado Jorge Cafrune, —con La Telesita, Ki Chororo y De Mi Madre—, y luego con canciones pertenecientes a su último trabajo, entre ellas, un chamamé romántico y un huayno que denuncia el trabajo infantil. "Sobre el escenario hacemos una política social, lamentablemente porque los niños que deben disfrutar de su tiempo tienen que trabajar", denunció la artista.
Uno de los momentos más emotivos fue cuando Yamila recordó a su padre en una conmovedora zamba ilustrada con fotografías del desaparecido artista que se exhibieron en las pantallas grandes del festival.
Consultada por EL DIARIO sobre cuál había sido el legado de su padre hacia el pueblo, Yamila respondió "el compromiso". "Recuerdo que mi papá me dijo 'no cante lo que no sienta'. Él no subía al escenario para decir pavadas. Cada canción tiene su historia para ser apreciada y el papi dejaba el compromiso con El Orejano, El Último Sapukay, incluso con De Mi Madre, donde había una historia del paisaje y del amor".

CONCIERTO. Desde el centro de la selva montielera brotó un clamor de trémol compuesto por guitarra y bajo que se fue alzando cada vez más, cuando el acordeón de Raúl Barboza brotó en llanto con una ráfaga de acordes que dieron lugar a la apertura del trío prometido para la cartelera del domingo.
El acordeonista llevó sus sonidos ante el silencio de un público que dio al festival un marco de sala de conciertos.
Sin embargo, y pese a su éxito, el músico puso las cosas en claro sobre la aceptación de su estilo: "Hay festivales en los que yo no puedo tocar porque se me considera muy moderno. ¿Qué es ser moderno?, ¿no lo fue acaso Montiel (Ernesto) en los años 50, que con su Cuarteto Santa Ana tocaba de forma muy diferente a la de Ramón Estigarribia, por ejemplo? Coco Marola es hijo de italiano, el bandoneón es de origen alemán y la guitarra es árabe. Entonces, ¿qué nos queda para nosotros? Señores, nos queda la identidad. Pero no podemos hacer que los jóvenes imiten una forma de tocar que yo la conocí cuando era chico. Necesitamos que los chicos aprendan a crear".
Una de las demostraciones de profesionalismo más llamativas se dio cuando desde la pista de baile surgió un grito: "¡El Hornerito!" Con toda tranquilidad Barboza esbozó una sonrisa y respondió: "El Hornerito, cómo no". E inmediatamente le entregó al solicitante el rasguido doble de Julio Luján y Pirca Rojas, entre una selección de otros temas del mismo ritmo.
Luego de interpretar temas de su autoría, entre los que figuró el infaltable Tren Expreso, Barboza homenajeó finalmente al litoral con una versión, en su lenguaje y estilo, de La Calandria, tema que se llevó los mejores aplausos y la ovación de quienes convocaron al querido maestro para volver al escenario y dejar el broche de oro con Kilómetro 11.
 
 
 
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