07/02/09
Miguel Figueroa arrancó los primeros sapukay más encendidos de la jornada de apertura del Festival 2009.
En plena madrugada del sábado 7, el enrulado que interpreta el chamamé de estilo macetero en su máxima expresión, recogió los aplausos cálidos de una multitud enfervorizada, mientras en la pista ‘Tarragó Ros’ los bailanteros se desplazaban hamacándose hasta literalmente quebrar sus cinturas.
Dedicatorias incluídas hacia una y otra ala del escenario, el cantor del conjunto incitaba al griterío.
El estilo inconfundible de Figueroa evidenció una vez más que el auditorio de Federal es devoto del chamamé que fluye de acordeonas desplegadas y guitarras que deben restituir sus cuerdas para la próxima actuación.
«La fiesta del alma», como citara en una de sus introducciones Santiago Rinaldi, se mimetizó en el cuerpo de todos los espectadores, y en consecuencia, el júbilo colmó el anfieteatro ‘Francisco Ramírez’.
La platea agitó pañuelos y se puso de pie, demostración que constituyó la aclamación, y renovó el pedido para que Figueroa permaneciera en el escenario. La canción de despedida proclamó la ovación.
En sentido figurado, Miguel Figueroa recogió los rindes de la cosecha ante el público que lo idolatró. El artista cosechó el premio más preciado para quien se distinga como tal.