12 abril 2022

La gestión municipal "hace agua por todas partes"

El vecino Gonzalo Andrés Gutiérrez, redactó una carta abierta que fue enviada a la Redacción de Retórica. En la introducción a esta publicación se destacan párrafos del contenido, que analiza la gestión de gobierno del intendente de Federal, en particular, y del comportamiento de la dirigencia del Partido Justicialista, en general, haciendo hincapié en la "tarea" legislativa de la senadora Miranda. 

"Las calles de Federal, están a la miseria".

"Los servicios públicos, en su peor momento. El parque automotor, a la miseria. Desidia en la recolección de residuos,  falta de previsión en el suministro de agua potable".

"Las obras de ampliación que se llevarían a cabo en la planta de tratamiento de residuos, oportunamente licitadas y adelantados los fondos, se empezaron y se abandonaron, y en el camino alguien se quedó con los fondos aportados por los contribuyentes. El costo de la improvisación".

"El área de Obras y Servicios Públicos luce desordenada y anárquica, siendo indulgente en la calificación, con evidente falta de autoridad en la conducción y apatía y desánimo de quienes allí trabajan".

"El déficit de viviendas en Federal es alarmante; con el agravante, en fecha reciente, que el bolillero del sorteo de adjudicación de nuevas viviendas “cayó siempre taba”, porque las viviendas fueron para el yerno o nuera de la senadora, para el hijo del secretario de Rentas, para el secretario de la secretaria de Acción Social, entre otros pocos suertudos".

La senadora Miranda "está para el paternalismo grotesco, el “acomodo” de su entorno, y el manejo jactancioso y dadivoso de los resortes del Estado provincial. El desastre es evidente. Pero más reprochable es la desidia del intendente, quien se ufanó siempre de ser un “gran gestionador”".


(Reproducción textual de la carta de Gonzalo Andrés Gutiérrez).

GOLPE DE TIMÓN

Se dice en la jerga marinera que “dar un golpe de timón” implica dar al barco un brusco cambio de dirección, aplicándose la expresión en política cuando se da un cambio de rumbo importante.

Es lo que le estaría haciendo falta, urgente, a la gestión Chapino, si es que el Presidente Municipal pretende salvar la gestión justicialista, la que hace agua por todas partes.

El barco está bastante escorado. Las calles de Federal, a la miseria. Ni envidia que le tenemos a las calles de Ucrania, destrozadas en estos días por los bombardeos rusos.

Los servicios públicos, en su peor momento. El parque automotor, a la miseria. Desidia en la recolección de residuos,  falta de previsión en el suministro de agua potable.

Las obras de ampliación que se llevarían a cabo en la planta de tratamiento de residuos, oportunamente licitadas y adelantados los fondos, se empezaron y se abandonaron, y en el camino alguien se quedó con los fondos aportados por los contribuyentes. El costo de la improvisación.

El área de Obras y Servicios Públicos luce desordenada y anárquica, siendo indulgente en la calificación, con evidente falta de autoridad en la conducción y apatía y desánimo de quienes allí trabajan.

El déficit de viviendas en Federal es alarmante. Según el Censo Nacional de 2010, y las pautas que brindara la UCA en su informe anual del año 2020, ponderando el número de habitantes y los Ingresos Corrientes de Hogares en Federal, medidos en términos de desarrollo humano, se necesitarían no menos de ciento cincuenta viviendas anuales para personas en la línea de pobreza, o en su límite cercano.

Creo que no se hicieron más de doscientas en los seis años de gobierno municipal, con el agravante, en fecha reciente, que el bolillero del sorteo “cayó siempre taba”, porque las viviendas fueron para el yerno o nuera de la senadora, para el hijo del secretario de Rentas, para el secretario de la secretaria de Acción Social, entre otros pocos suertudos.

No hubo hasta el presente una política activa tendiente al acceso a la tierra, y el fomento activo de la construcción privada, como lo hubo en otro tiempo con el CAMES. Tampoco supieron “copiar” otros modelos. Las tierras adyacentes al casco urbano, siguen teniendo un valor especulativo para quienes han podido adquirirlas.

En materia de producción, definitivamente, no hay políticas públicas. Jamás lo escuche al intendente referir al tema. No está en la agenda pública como prioritario. Lo poco que se hizo y se hace, es muy pobre. Lo de los chanchos en el matadero municipal, tragicómico, con un nivel de improvisación alarmante.

Si se pretende en serio una transformación económica en nuestra región, se necesita un marco legal provincial de claro fomento de la actividad avícola y porcina, por citar algunas alternativas posibles, con exenciones impositivas para la pequeña y mediana empresa, y el compromiso de alguna infraestructura significativa en el mediano plazo, por parte del Estado. Ello podría complementar, al mismo tiempo, el interés en la producción en la zona de insumos de nivel primario, como el maíz y otros productos que, por los precios, ya no serían rentables de tener que llevarlos a Rosario.

Entiendo que a la senadora no se le haya podido ocurrir algo de eso. Ya lo demostró; ella está para el paternalismo grotesco, el “acomodo” de su entorno, y el manejo jactancioso y dadivoso de los resortes del Estado provincial. El desastre es evidente. Pero más reprochable es la desidia del intendente, quien se ufanó siempre de ser un “gran gestionador”.

Este cuadro se estaría agravando con la sensación colectiva de que tampoco la administración municipal estaría exenta de manejos turbios, con funcionarios de primera línea que exhiben, sin mayor pudor, un indisimulado progreso económico, difícil de entender en épocas de “crotera” y “misiadura”. Funcionarios “multirubros” en lo privado, otros que se dan el lujo de contratar, por allegados, los servicios de máquinas municipales, y otros que sin cumplir funciones aparentes, y que estuvieron desde la primera hora, serían hoy los “monjes negros” de su gestión, con acceso al “reparto del queso”.   

Hasta ahora se advertía que Chapino era incombustible a la crítica, gozando siempre de buena imagen. Pero creo que la sensación de hartazgo de aquellos sectores de la sociedad, reacios tradicionalmente al peronismo, pero que lo acompañaron con el voto en su ascenso, estaría torpedeando la línea de flotación de su gestión, golpeando ya su supuesta “buena imagen”. Ello, como siempre ocurrió, repercute no sólo en la pobre recaudación impositiva, sino en el desinterés del comercio local en proveer al Estado, lo que ya es indisimulado.

Cierto es que cuando se descubrió que Róbalo “choreaba”, el intendente actuó con celeridad. Todo indica que aquel personaje importado “afanaba” solo. Pero hoy, no parece que el intendente haya tenido los mismos reflejos, o que se le hayan activado las alarmas del costo político que implica para su gestión, y para el peronismo, que funcionarios de primera línea hagan no sólo una obscena e indisimulada exhibición de bonanza económica, sino también incurran en notorias incompatibilidades.

Un contribuyente local me decía que no quería participar más de algunas licitaciones, no sólo por la demora en los pagos, sino también, porque siempre ganaba la “empresita” del “fulano”, funcionario municipal, en la que figuraba como formal titular un íntimo amigo, con quien come asado asiduamente. Lo que se dice, “el zorro adentro del gallinero”.

Frente a esto, es muy “sonora” la pasividad del intendente. Hay dos alternativas: o no sabe, y sus primeros laderos lo estarían “haciendo pasar el río con botas”,  lo que habla muy mal de él o, más grave aún, a sabiendas, no estaría interesado en el saneamiento de la imagen de su gestión, por otras razones,  lo que implicaría aquello de que “no hay prenda que no se parezca al dueño”.

Decía Maquiavelo, en 'El Príncipe', hace quinientos años, que el problema en las Cortes eran los “aduladores”, de los que estaban llenas. Hoy serían los “alcahuetes” y los “morraleros”. Aquellos que te acompañan para llegar al poder, y luego se te transforman en un problema.

Todo indicaría que el intendente está preso de la “Juana Azurduy”, y de algún apellido de vieja y agotada prosapia peronista, quienes, prendidos como garrapatas, miran de reojo y como “zapo a la guadaña”, todo intento de cambio que implique dejarlos a ellos sin los “conchabos” mejor rentados. Le saltarían a la yugular si pretende incorporar gente de otras tribus peronistas, o de afuera si fuere el caso, para mejorar su alicaída gestión. El “lastre”, en la jerga marinera.

El cuadro afecta al peronismo, y a quienes podemos pretender ser alternativa de cambio en el futuro próximo, desde el mismo sector político, pagando el precio de que nos metan a todos en la misma bolsa. Ya se sabe, la oposición vendrá con el estandarte de la idea de “orden” y “austeridad”, la que esgrimió con éxito en otros tiempos.

Intendente Chapino, anímese a dar un “golpe de timón”, si pretende salvar su gestión, y la del peronismo, pues ya no alcanza con un cambio cosmético, si es que está interesado en que el barco no zozobre.

GONZALO ANDRÉS GUTIÉRREZ