Sexta movilización de protesta en tres meses contra el gobierno

Se reclamó contra la reforma judicial, la cuarentena y contra el cepo al dólar.

Concentraciones fueron convocadas por redes contra las medidas institucionales y sanitarias del oficialismo.

El Obelisco porteño, la quinta de Olivos y las principales capitales provinciales volvieron a transformarse ayer en escenario de nutridas manifestaciones de protesta contra el Gobierno, en reclamo de mayor institucionalidad y de menores restricciones económicas por la cuarentena. Se trata de la sexta movilización de este tipo en los últimos tres meses, secuencia que se inició con el banderazo del 20 de junio por la fallida estatización de Vicentin. Ayer también hubo reclamos a la Corte Suprema por la situación de los jueces Pablo Bertuzzi, Leopoldo Bruglia y Germán Castelli.


“No a la impunidad”, se pidió en el Obelisco, frente a la residencia de Olivos y en muchos puntos del país.

MARTÍN BONETTO

Banderas argentinas. Una vez más se movilizó mucha gente, frente al Obelisco, en la residencia presidencial de Olivos y en varias ciudades de la Argentina.

La protesta contra el Gobierno se repitió con gran convocatoria en la 9 de Julio y en la Quinta de Olivos . También hubo en Córdoba, Rosario, Mendoza y Tucumán. Se reclamó contra la reforma judicial, la cuarentena y contra el cepo al dólar.

Con la Justicia y la cuarentena como denominadores comunes de una amplia batería de reclamos, miles de personas volvieron a movilizarse contra el Gobierno de Alberto Fernández en pleno pico de la pandemia. El epicentro fue en el Obelisco porteño y la Quinta de Olivos, pero hubo réplicas en las principales ciudades de varias provincias.

Sin insignias partidarias, sólo banderas argentinas que se vendían a $100, los manifestantes repitieron las consignas de las marchas anteriores –la última había sido el domingo pasadopero hicieron hincapié en dos hechos de esta semana: la remoción de los camaristas Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi y del juez Germán Castelli; y la extensión de la cuarentena hasta el 11 de octubre.

“Bruglia, Bertuzzi y Castelli, el pueblo los apoya”, “No a la impunidad”, “¡Cristina Kirchner delincuente!”, “Queremos un presidente que nos represente, no un socio de la corrupción”, planteaban algunos de los carteles.

Otros apuntaban más allá del Ejecutivo. “Camaño mercenaria, traidora a la patria”, rezaba una pancarta contra la diputada lavagnista que otorgó el voto clave en el Consejo de la Magistratura para habilitar la revisión de los traslados de esos jueces, designados por decreto durante el gobierno de Mauricio Macri.

La Corte Suprema -que va a expedirse sobre el tema- también recibió cuestionamientos y pedidos: “¿Dónde está la Corte?” “Señores jueces, salven a la República”, “El futuro de la patria está en sus manos”.

“Vengo para apoyar a la Justicia, a renegar a la Corte y para que el Gobierno no le robe a (Horacio Rodríguez) Larreta bienes que son nuestros”, aseguró Eva, de 74 años, a Clarín, mientras un hombre sacaba un parlante del baúl para hacer sonar el himno argentino. El otro foco de críticas apuntó contra la extensión de la cuarentena. “Basta de usarla para robarse un país”, “Barbijo sí, mordaza no”, “Seamos libres, lo demás no importa nada”, eran los lemas.

La convocatoria se extendió vía redes sociales y cadenas de Whatsapp. En la Ciudad, además del Obelisco, se reunió gente en Acoyte y Rivadavia y Cabildo y Juramento2. En Olivos, se congregaron frente a la quinta presidencial, donde cantaron: “¡Alberto, cuidado! El pueblo está cansado”. También hubo concentraciones en las principales ciudades de Córdoba, Mendoza, San Juan.

El primer banderazo contra el Gobierno ocurrió el 20 de junio, cuando se anunció la intención de expropiar la cerealera Vicentin. Desde ese momento no se detuvieron. Luego hubo protestas el 9 de Julio, el 1, 17 y 26 de agosto, el domingo pasado y este sábado.Como ya es costumbre, varios dirigentes de la oposición se acoplaron. Entre la caravana de autos, dio el presente la presidenta del PRO, Patricia Bullrich -recién recuperada del coronavirus- y el diputado Fernando Iglesias. “Creí que iba a venir poca gente hoy y me equivoqué. La rebelión antipopulista sigue en marcha en todos lados”, celebró el legislador.

Por su parte, el presidente del bloque de Juntos por el Cambio en Diputados, Mario Negri, se expresó en las redes: “Ojalá que en esta ocasión el Gobierno nacional escuche el mensaje de la sociedad que hoy se sumó al #Banderazo. La grieta no la profundiza la gente sino el oficialismo con su agenda de tensión política e institucional. La Justicia es independiente o no es Justicia”. Horas después, el ministro de Salud, Ginés González García repudió las formas: “Cualquier expresión que quieran hacer me parece absolutamente razonable, lo que me vuelve loco es que la convocatoria sea contagiarse. Eso me vuelve loco”, declaró en diálogo con C5N.

Por otra parte, entre los manifestantes del Obelisco había numerosos grupos antivacunas. La agrupación denominada “Médicos por la Verdad” juntaba firmas para que la vacuna contra el Covid-19 “sea voluntaria y no obligatoria”. “Está todo armado. Es un plan social y económico”, señalaba una de sus representantes buscando firmas. A pocos metros, con un megáfono otra agrupación denunciaba: “Hay un apocalipsis socio laboral, por eso lo que tienen que hacer es exterminar a pobres e improductivos. Ese es el plan. No hay virus ni nada, es un plan de exterminio porque el capitalismo no puede absorber más mano de obra”. Siguiendo esa línea, incluso algunos, no usaban barbijos.

De fondo, en una de las marquesinas luminosas se alternaba la publicidad del Gobierno de la Ciudad pidiendo mantener el distanciamiento y usar barbijo. “El esfuerzo que hicimos valió la pena no nos descuidemos ahora”, señalaba.

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Los argentinos, cada vez más pesimistas sobre el futuro

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Los seis meses de cuarentena y los problemas económicos parecen haber desgastado el optimismo de los argentinos. Los datos, que se desprenden de una encuesta que la consultora Isonomía compartió con la nacion, dan poco lugar a la esperanza. El 58% de los consultados piensa que el país está peor que hace un año, cuando en abril, tras los primeros impactos de la pandemia, ese porcentaje era del 26 por ciento. Muchos, incluso, esperan atravesar momentos más críticos durante el año próximo.

Los números ilustran una tendencia en crecimiento: en abril, el 59% de los encuestados pensaba que 2021 sería un mejor año, pero ese número cayó hasta el 37% en apenas cuatro meses, y la curva sigue en descenso. El fenómeno atraviesa a todas las clases sociales y posiciones políticas en las más de 2000 entrevistas telefónicas.

“La gente quedó muy huérfana, está pidiendo que la cuiden en el sentido más amplio de la palabra. Siente que hubo una pérdida de oportunidad. Ahora la política tiene que enfrentarse a personas que le creen un poco menos”, argumentó Juan Germano, director de Isonomía. En esa misma línea, el académico Marcos Novaro sostiene que la sociedad está hundida en la resignación, y el ensayista Alejandro Katz advierte que “falta un discurso público creíble que nos muestre el camino para salir”.

“¿El país está mejor, igual o peor que el año pasado?”, preguntó la encuestadora Isonomía. La respuesta fue abrumadora: en abril, apenas el 26% de los consultados respondía que estábamos peor que en 2019. Cuatro meses después, el número subió al 58% y la curva sigue en ascenso. Como contracara, los consultados que creían en abril que la Argentina estaba mejor bajaron diez puntos hasta llegar al 21%.

¿Y cómo cree que estará el país dentro de un año? El 38% sostiene que la Argentina estará peor aún que durante este 2020 con una pandemia de por medio. En cambio, el 37% proyecta una mejor situación que la actual. Pero la tendencia no beneficia a los optimistas: la mayoría que imagina ese futuro sombrío mantiene un ascenso sostenido desde abril que acumula 20 puntos. En cambio, los optimistas ya perdieron 22 puntos y siguen en descenso. “Lo más grave es la mirada del futuro. El pesimismo se repite en todos los sectores sociales e, inclusive, en todas las miradas políticas, desde los opositores más duros y más blandos hasta los oficialistas. Todos están más negativos respecto al rumbo del país”, afirma Juan Germano, director de Isonomía.

El coronavirus y la economía son parte de las principales preocupaciones de los argentinos, pero esas variables se mantienen en los mismos niveles en los últimos meses. Los problemas económicos persisten al tope de las inquietudes con el 77%, mientras que, en plena pandemia, la salud preocupa a un 67 por ciento.


En cambio, la temática que registró una suba es el miedo por la inseguridad, que se ubicó prácticamente al tope de las preocupaciones: el 74% de los consultados están “poco o nada seguros”, una cifra que creció casi 20 puntos en los últimos cuatro meses, según la encuesta.

“Es un problema porque la clase política tiene que seguir actuando pero la gente le cree menos. Esto está relacionado con una oportunidad perdida, porque se había generado un proceso de cierta concordancia entre una parte del oficialismo y una parte de la oposición. Había un sector social que pedía eso porque necesitan sentirse cuidados en este escenario”, argumenta Germano.

El académico Marcos Novaro ilustra el estado de ánimo de los argentinos como una caída por la escalera. “Cada escalón es un golpe en la cabeza y eso genera mucho cansancio, hartazgo y resignación”, dice, ante la consulta de la nacion. El sociólogo sostiene que desde el gobierno de Cristina Kirchner “la sociedad argentina está procesando el empobrecimiento del país”.

“Se respira una resignación generalizada, que no es más que un mecanismo de defensa para evitar nuevas decepciones. Nos estamos dando cuenta de que ya no podemos mirar por encima del hombro a ningún país. Nos acomodamos al fracaso de la Argentina”, reflexiona.

La encuesta telefónica realizada en agosto, que incluyó 2000 casos y un margen de error del 2,2%, refleja esa tendencia cuando se identificó a los principales referentes políticos. Solo el 1% no se sentía representado en mayo por Cristina Kirchner, ni por Mauricio Macri, ni por Alberto Fernández, ni por Horacio Rodríguez Larreta. Pero ese número del descrédito casi total a la política creció hasta el 6% en los últimos cuatro meses. “La antipolítica todavía no enciende porque la resignación es tan grande que no hay ganas de cambiar nada”, insiste Novaro.

El ensayista Alejandro Katz cree que el pesimismo es lo más previsible. “Es una sociedad que está hace diez años estancada, sin crecimiento económico, lo que se traduce en falta de oportunidades tangibles para uno y falta de una proyección para sus hijos. Hemos visto fracasar, además, proyectos políticos antagónicos, lo que te hace sentir que ya nadie tiene una solución”, explica.

Katz está convencido de que la angustia se acentuó con la pandemia pero, sobre todo, por “la falta de un discurso público claro y creíble” que oriente sobre lo que vendrá. “Viviríamos de otro modo si el Gobierno y la oposición aportaran alguna claridad sobre el camino a recorrer para salir de esta situación. Primero, sobre las limitaciones impuestas por la pandemia, después sobre la recuperación de la economía, pero también es importante que haya un horizonte de previsibilidad en todo sentido a mediano plazo”, concluyó.

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