Temor en el campo por una ola de ataques

Existe una olla a presión y el punto máximo fue meterse con el trabajo y el esfuerzo productivo del campo. “Te tratan de oligarcas, de antipueblo, transitás por caminos destruidos, tenés que pagar cooperadoras policiales, mantener consorcios camineros, bonos e impuestos y ahora, encima, vivimos en una inseguridad constante”.

Denuncian desde roturas de silobolsas hasta quemas de lotes sembrados.

Productores agropecuarios de diferentes regiones de la pampa húmeda denuncian que hay una creciente ola de ataques y delitos en el campo contra sus instalaciones en los últimos meses. “Desde roturas de silobolsas, destrucción de rollos, matanzas de lechones hasta quemas de lotes sembrados, los hechos se multiplican y el hartazgo es cada vez más grande”, dice Javier Rotondo, presidente de la Confederación de Asociaciones Rurales de la Tercera Zona (Cartez) y productor en la región de Río Cuarto, en la provincia de Córdoba.

El productor y vicepresidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), Gabriel de Raedemaeker, sufrió esta semana la quema de un lote de cinco hectáreas donde había sembrado trigo. El fuego se había iniciado en un campo contiguo con maíz a punto de ser cosechado. El ruralista no dudó en calificar el hecho de “intencional”. También esta semana hubo roturas de silobolsas en el sur de Santa Fe y en Pehuajó, provincia de Buenos Aires.

Según los testimonios recogidos por La Nación, los productores que viven en sus establecimientos temen por su seguridad personal y algunos están tomando medidas para protegerse.

Preocupación, impotencia, temor pero, sobre todo, frustración, bronca y enojo. Tras los actos de vandalismo ocurridos en las últimas semanas en diferentes establecimientos agropecuarios, el estado de ánimo entre los productores tiene una combinación de sensaciones encontradas, mientras muchos destacan que está en juego la defensa de su actividad.

Una sucesión de hechos da cuenta de este estado de cosas. A la rotura de silobolsas en la última semana se sumó un incendio intencional en el campo del vicepresidente de CRA en Córdoba, Gabriel de Raedemaeker, lo que terminó de poner en escena la inseguridad rural creciente.

A fin de abril pasado, seis silobolsas con 1300 toneladas de maíz aparecieron cortados en un establecimiento rural ubicado a cuatro kilómetros de María Teresa, en el sur de la provincia de Santa Fe.

El 16 de mayo, por la noche, en la localidad santafesina de Zenón Pereyra, el productor Manuel Canalis fue víctima de la rotura de silobolsas y el posterior robo de soja. Diez días después, el martes último, fue el turno del vicepresidente de CRA, a quien le incendiaron –en un ataque aparentemente intencional– parte de su establecimiento. En los últimos días se conocieron casos de destrucción de silobolsas en Pehuajó (Buenos Aires) y en San Jerónimo Sud, provincia de Santa Fe.

Luego del acto vandálico, De Raedemaeker se siente reconfortado por el apoyo que recibió de la gente, pero alerta: “Si estos actos siguen y el Estado continúa ausente, la preocupación es que entremos en tiempos peligrosos e inseguros y se lleguen a acciones de autodefensa y de revanchismo”.

En tanto, el presidente de la Confederación de Asociaciones Rurales de la Tercera Zona (Cartez), Javier Rotondo, explicó que “una rotura de un silobolsa significa la pérdida de un año de trabajo, que te maten diez lechones o tres novillos que ni siquiera te los carneen para comer y solo lo hagan por el daño mismo, genera bronca”.

En Gálvez, a 120 kilómetros al norte de Rosario, Julián Imhoff paró de sembrar trigo un momento, buscó señal en medio del lote y, subido a la sembradora, habló con La Nación. Hace un tiempo trabaja con sus cinco hermanos el campo de la familia. “El temor cada vez es mayor, sobre todo en los campos donde no anda el personal. Con los últimos hechos, la gente está asustada y hace recorridas más seguido, pero eso no alcanza”, remarcó. Hoy los productores se encuentran en la disyuntiva de “aguantar” la cosecha hasta que los precios mejoren un poco, pero se arriesgan a que en el campo suceda algún hecho cuyo costo sea mayor. “Otros años se dejaban los silobolsas, pero ahora tratan de sacárselos de encima rápido, sobre todo en aquellos establecimientos cercanos a la ruta”, reveló.

Oliva es un pueblo del centro de la provincia de Córdoba, donde ocurrió la quema en un lote de trigo del dirigente de CRA, además de uno de un vecino con maíz. Raúl Grassani tiene un tambo familiar en la zona y asesora a otros tres tambos. En su establecimiento realiza una actividad mixta: el maíz que siembra es para ensilar y dar de comer a las vacas durante todo el año. Por los últimos acontecimientos, dice que los ruralistas de la zona están en estado de alerta, que trillan antes de tiempo y entregan la cosecha enseguida, con la desventaja de perder puntos por humedad en el rinde.

Por otra parte, el personal que habita en el campo pasa a diario situaciones de inseguridad, que ponen en riesgo su integridad y la de su familia. Se sienten indefensos porque las distancias de un vecino a otro hacen imperceptible un eventual pedido de ayuda. En el fondo, los productores entienden que la rotura de un silobolsa pasa a ser un daño menor frente a otros siniestros, como un incendio a un lote o un robo con armas en un campo.

Con el corazón en la boca

De abuelos productores, Horacio Gaviglio siguió la tradición familiar y hoy trabaja en campos en Zenón Pereyra, Santa Fe. Señaló que en su establecimiento se entregó casi todo al acopio y se embolsó solo el 15 por ciento. “Estamos con el corazón en la boca esperando que algún día nos toque. Todo esto que está pasando es por odio. La gente no entiende la dinámica de trabajo del campo y piensa que es para amarrocar”, cuenta.

A 100 kilómetros de ese pueblo santafesino está San Carlos. Ahí, Damián Pafundi asesora a distintos productores. Si bien, en su mayoría, en la zona son campos chicos donde vive la gente, los hechos de inseguridad han ido creciendo desde diciembre pasado.

“La situación se ve complicada y va para peor. De la misma manera, la preocupación es cada vez mayor. Muchos que no estaban armados ahora buscan hacerlo. Antes, se tenía armas para amedrentar a perros silvestres que entran a los campos para hacer daño. Ahora es para intimidar a los delincuentes”, señala.

Factor político

Para Roberto Minuchi, en Pérez Millán, provincia de Buenos Aires, todo parece estar en armonía todavía. Sin embargo, la gente en el campo está tensionada porque teme que se repliquen esos actos vandálicos en la zona. “Nadie espera que pase. Igualmente, desde siempre cada productor tiene su escopeta en la casa, que le sirve para atemorizar a los malvivientes con tiros al aire. Es una forma de dar aviso que hay gente en el campo”, dijo.

Muchos creen que detrás de los ataques existe un tinte político. Pafundi está convencido de que es así en un ciento por ciento. En tanto, Imhoff no asegura si los actos tienen o no ese matiz, pero sí cree que hay un fundamentalismo de la política. “Hay actores en el Gobierno que incitan a la gente contra el campo, como cuando Hebe de Bonafini convocó a quemar los campos de soja. Eso no ayuda y es así que la sociedad tiene otra visión del campo, les han metido la idea de que nosotros no vendemos la cosecha y tenemos los dólares en el campo. Nada más lejano, solo que los vaivenes de la economía nos obligan a guardar algo de reservas para la próxima campaña”, puntualizó. “No somos terratenientes, la mayoría somos productores pequeños de campos familiares divididos y la plata que producimos la volcamos en la zona”, añadió.

Rotondo opinó que existe una olla a presión y el punto máximo fue meterse con el trabajo y el esfuerzo productivo del campo. “Te tratan de oligarcas, de antipueblo, transitás por caminos destruidos, tenés que pagar cooperadoras policiales, mantener consorcios camineros, bonos e impuestos y ahora, encima, vivimos en una inseguridad constante”, relató.

El sector está con miedo pero dispuesto, ya dicen muchos, a no dejarse amedrentar. “Se vive una sensación de rebeldía donde, si vienen por su propiedad, [los productores] tienen una absoluta convicción de defender su producción”, remarcó Rotondo.

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La Sociedad Rural de Federal «repudia actos de aberrante vandalismo»
La Sociedad Rural de Federal, emitió el comunicado que se reproduce textualmente: «Ante los acontecimientos acaecidos recientemente en la provincia de Córdoba, en la que manos siniestras, incendiaran cultivos de maíz y trigo, propiedad del vicepresidente de CRA. Gabriel de Raedemaeker, la Sociedad Rural de Federal expresa su enérgico rechazo ante esta situación, que consecuentemente puso en peligro la vida del productor, su familia y de quienes trabajan con él, originando enormes pérdidas económicas. Esta no es una situación aislada. Desde hace un tiempo y en forma frecuente, nos enteramos de siniestros perpetrados a productores agrícolas y ganaderos de diversos lugares del país. Hurto de ganado e insumos, roturas de silos bolsas, incendios de maquinarias, asaltos a establecimientos rurales donde se cobran vidas de propietarios y empleados, son algunos de los tantos ejemplos que podemos mencionar y que nos llevan a cuestionar la razón de tanto odio hacia nuestro sector. 
Resulta difícil de entender, en estos tiempos, donde más que nunca es menester la unidad y el entendimiento entre todos, único camino para transitar el difícil tramo, que pretendan devastar el alimento que cada habitante debe recibir a diario en sus mesas y atentar contra quienes lo producen. 

La irracionalidad se ha apoderado de algunos y actúan en consecuencia. Instamos a quienes tienen en sus manos la responsabilidad y obligación de impartir justicia, para dar un corte definitivo a esta lamentable situación, procedan inmediatamente. NO MATEN AL CAMPO».

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