Dos papás dicen no al operativo Aprender


Por Alejandra Gómez y Francisco Nessmann (Docentes de Federal / Nessmann, además, es secretario general de la seccional Federal de la Asociación Gremial del Magisterio de Entre Ríos -Agmer-).
Queremos expresar, como padres, como papás de Tomás, que renunciamos abiertamente a que nuestro hijo participe del plan nacional de evaluación “Aprender 2016”, ya que creemos que nada creado fuera del contexto educativo pretenda “Aprender” sino solo debería llamarse “Medir 2016”.



Renunciamos porque ya optamos que nuestro hijo cumpla con la obligatoriedad de la escuela primaria y para eso concurre a una escuela donde comparte, vive y aprende todos los días.
Una escuela donde conoce y re-conoce a su maestra/o, quien se formó y perfecciona día a día, justamente para la tarea encomendada. Donde sabe y sabemos el día a día de sus aprendizajes, de sus dificultades, de su socialización, de sus juegos, de lo relacional y de su imaginación.

Pero esencialmente cumplimos/optamos por un lugar donde todo ese conjunto de conocimientos, experiencias, aprendizajes y crecimiento son medidos en contexto por el maestro que lo guía y acompaña en la sumatoria que hacen a lo que expresa en la Ley de Educación de promover niños y jóvenes cognitivos y socialmente expresados.
Y esa tarea la lleva adelante un docente, profesionalmente preparado y en contexto…
Creemos que nada ni nadie puede hacer un corte y medición sobre un proceso que incluye los aprendizajes y sus formas de evaluarlos que necesariamente están relacionados.
Porque está llevado adelante por personas ajenas a la educación, y al proceso de aprendizaje de nuestro hijo y de tantos hijos.
Porque la evaluación “NO es sacar al alumno y meterlo en un laboratorio”. Mucho menos que los resultados hagan de la escuela o del alumno un registro meritocrático.
Nuestro hijo ya ha sido suficientemente evaluado y continúa en un proceso de aprendizaje que oportunamente el maestro lo evaluará y así sucesivamente.
En este plan irán un día, no saben quién es Juan, Pedro, Tomás, cómo aprende, qué aprende, dónde se sienta o cuántos días hace que no come.
Simplemente presentarán una hoja que elaboró alguien detrás de un escritorio e imaginó un aula como una probeta y una escuela como un laboratorio.
Por eso renunciamos, porque no queremos un aula de cientificismo medible sino que confiamos en una escuela que cargue las aulas de humanidad, de socialización, de inclusión, de igualdad para nuestros niños y jóvenes que necesariamente surgirán a flote en una sociedad más justa.
Nos dicen que quién no concurra deberá justificarlo. Aquí está la justificación. Por Tomás y por tantos niños y maestros que comparten su día a día y su aprender que seguro no van a querer medir.

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