El principio del fin

Otra vuelta a clases con conflictos en Entre Ríos
La vuelta del conflicto a las escuelas en Entre Ríos, este lunes, al reinicio de las clases después del receso de invierno, con una huelga de 48 horas, marca algo mucho más complejo que una disputa sectorial por salarios: indica hasta qué punto la Provincia está ajustada en sus cuentas, y sin resto para satisfacer ningún reclamo.
(De la Redacción de Entre Ríos Ahora). En el último número de la revista “Análisis” el periodista Jorge Riani firma un artículo que lleva un título revelador: “Fin de fiesta”. Un Estado endeudado y un déficit que no cesa, las marcas que identificarán las dos gestiones del pretendido candidato presidencial Sergio Urribarri. “La gestión Urribarri inauguró dos situaciones que empeoran los números: la emisión de letras del tesoro y títulos de la deuda pública y la de cerrar las cuentas con déficit anuales”, dice Riani,
Y le pone un número al escándalo: Entre Ríos acumula hoy una deuda de 1.882 millones de pesos.
Ni falta que hace que el ministro de Economía, Diego Valiero, salga a declarar en forma pública lo que ya todos saben: que este año no habrá aumento salarial para los estatales, y que cada mes hacen malabares para pagar la enorme masa salarial del Estado entrerriano. Enfrente, los dirigentes sindicales, buena parte de los cuales mantuvo en estos últimos años una tregua forzada con el Gobierno, a pesar de la presión de las bases, comienzan lentamente a despegarse del Ejecutivo.
Los primeros en pintarse la cara son los docentes, que este lunes comienzan una huelga de dos días en las escuelas.
En Educación es donde más claramente se observa qué pasa con los números en Entre Ríos: aproximadamente el 97,6 % de los recursos se destina a sueldos, con lo cual queda solamente un 2,4 % para aplicarse a gastos que implican el sostenimiento material de todo el sistema educativo, esto significa lo que el sistema consume en servicios, muebles, insumos, tanto en la administración central o en cada una de las escuelas.
Lo otro, casi todo, se financia con fondos que gira la Nación.
No hay de donde sacar más fondos.
Y entonces, va de suyo, el conflicto salarial con los docentes de Entre Ríos, que estaba en medio de una tregua atada con alambres, estalla: si no hubo tantos paros este año en la provincia –con los dos días de protesta que se inician este lunes, van cinco huelgas—ha sido por la dilatación de la negociación y las acciones que interpuso en la Justicia el Gobierno.
De igual modo, al comienzo del ciclo lectivo 2014 el principal gremio del sector, la Asociación Gremial del Magisterio de Entre Ríos (Agmer) dispuso una huelga de tres días, y esa protesta, que incluyó una multitudinaria movilización a Casa de Gobierno, obligó al Poder Ejecutivo a sentarse a negociar. Pero la discusión se extendió, y Agmer volvió a disponer otros tres días de huelga a mediados de mayo, que no se concretaron por disposición de la Justicia.
La titular del Juzgado Laboral N° 1, Gladys Pinto, dictó la conciliación obligatoria y obligó a los maestros a levantar la huelga. En el interín, la administración del gobernador Sergio Urribarri debió sentarse a negociar y a mejorar la oferta salarial que había presentado.
Agmer obligó a la administración Urribarri a presentar cuatro ofertas salariales, hasta que por fin firmar la pipa de la paz.
El armisticio sólo se hizo efectivo en abril cuando por fin el Gobierno propuso elevar el piso salarial docente, de $ 3.416, a $ 4.544 en marzo (un aumento del 33%) y en agosto, a $5.000, con un incremento acumulativo del 46%.
Pero la tregua incluyó la incorporación de una cláusula gatillo: la negociación salarial debía continuar en agosto. Pero frente a un horizonte yermo, sin chances de volver a negociar, el sindicato hizo efectivo lo que ya se había vislumbrado antes del receso: de no haber convocatoria a negociación para el segundo semestre, habría un paro de 48 horas.
No hubo convocatoria, y el paro se hizo efectivo.
Claro, esto parece el principio del fin de la primavera urribarrista con los sindicatos del Estado. Aunque no está claro de qué modo seguirán las escaramuzas, y si todos se sumarán a los reclamos.