MÁS ALLÁ DE LAS NOTICIAS / ATENCIÓN AL CLIENTE

Todo por el mismo precio

Casi siempre se cuestiona la atención que se recibe de parte de los empleados, públicos, de empresas de servicios, de comercios.

Un símbolo de la mala atención es la caracterización de la empleada pública por parte del artista Antonio Gasalla. 

Los casos en los que la gente se queja, protesta, reclama por el modo en que es atendido, se multiplican.

No en todos lados ocurre lo mismo, pero hay contadas excepciones: están los que siempre atienden con una sonrisa, los que a cada palabra del cliente le agregan un comentario, anécdota, cuento.

También están los clientes que prefieren no se les pregunte «qué quiere; necesita», sino que les agrada atenderse solos.

Lo opuesto es cuando el dueño, empleado del negocio, resulta cargoso acosando al cliente para que se decida a comprar, a la vez que no le permite observar la mercadería.

En muestras de mala atención, recuerdo a la clienta de un negocio que este año le pagó la cuenta corriente al dueño del local comercial, y cuando este le renovó la condición de compra en carácter de fiado, la respuesta del consumidor fue: «te agradezco pero no te compro más por culpa de tu empleada; es insoportable...».

Otra evidencia de la pésima atención es en el Banco de Entre Ríos Sucursal Federal; a diferencia del trato que dispensa al cliente el empleado del Banco Nación Sucursal Federal.

Las reparticiones públicas no son la excepción a la regla general de mala atención: empleados que saludan sólo si se les dice, buen día, permiso...
Las caras de amargados (por no calificar con otro adjetivo) son fotos cotidianas.

En este contexto de atención al público, cuando un empleado de comercio tiene la particularidad de transmitir gentileza, la sorpresa es gratificante; como una caricia.

Fui al supermercado (‘Darkus’) en busca de unos caramelos en caja -«los tipo gajitos». Ante la consulta si había, buscando por las góndolas reservadas para el producto, el resultado fue negativo. La única disponibilidad eran los caramelos en las típicas bolsas.
La empleada del sector caja, se predispuso a ofrecer alternativas del producto buscado. Como la compra iba a ser indefectiblemente de unas clásicas bolsas, la atenta vendedora propuso embellecer la presentación del producto: mostró un recipiente de huevitos de pascua para depositar el contenido de las vulgares bolsitas. La predispuesta empleada no se limitó a descargar los caramelos en el recipiente plástico: lo precintó, y como para ponerle una frutilla al postre, lo envolvió en una bolsa de regalo a la que le puso un moño. Todo por el mismo precio que fijaba el stiker en la bolsa de caramelo.

No es para nada común semejante atención; no es de todos los días que la atención sea tan dedicada; «no en todos lados te atienden así...»; por el contrario, lamentablemente la mala atención es el común denominador.
A pesar de lo que es «moneda corriente», todavía es posible rescatar los buenos modales. Es probable que para que sea una modalidad habitual, deba insistirse en ejercitar la educación.